OPINIÓN. Flâneur. Por Rogelio López Cuenca
Artista visual 

rogelio_lopez_cuenca.jpg03/03/10. Opinión. Ante la imposibilidad de estar presente en el foro sobre la Candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016 que se celebra hoy en el Ateneo de Málaga, el artista nerjeño Rogelio López Cuenca aprovecha su colaboración mensual con EL OBSERVADOR...

OPINIÓN. Flâneur. Por Rogelio López Cuenca
Artista visual 

rogelio_lopez_cuenca.jpg03/03/10. Opinión. Ante la imposibilidad de estar presente en el foro sobre la Candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016 que se celebra hoy en el Ateneo de Málaga, el artista nerjeño Rogelio López Cuenca aprovecha su colaboración mensual con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com para exponer “por un lado, el interés de los poderes políticos y económicos de las ciudades en este, a primera vista, concurso de logotipos, y por otro, mis evidentes reticencias al respecto”.

Todo a 2016

SI mal no recuerdo, la primera vez que oí hablar de la candidatura malagueña a “Capital Europea de la Cultura 2016” fue en plena campaña electoral, en 2004, así que lo interpreté como una treta más del momento, un arma para atizar el resorte del agravio local, sólo que esta vez no apuntaba a Sevilla, comme d’habitude, sino a Córdoba, cuya candidatura había recibido ya el apoyo explícito de las cabezas más visibles del PSOE e IU y de personalidades del mundo de la cultura, también próximas a esa órbita, que pasaron automáticamente a convertirse en chivos expiatorios del siempre ofendido ‘malagueñismo’. Los réditos políticos, en términos electorales, de este discurso confrontacional explicarían su persistencia, como si no hubiese en liza otras ciudades aspirantes al mismo título: Alcalá de Henares, Burgos, Cáceres, Cuenca, Las Palmas, Murcia, Pamplona, San Sebastián, Santander, Segovia, Tarragona,  Zaragoza y el triplete Oviedo-Gijón-Avilés. Y eso, de momento.

UNA vez pasado el temporal electoral y comprobado el tirón identitario de la cosa, no hubo partido político que no quisiera salir en la foto. Ni nadie. O casi. Un par de años más tarde pp2016recibí una llamada de una pizpireta telefonista avisándome de que un fotógrafo iba a retratarme “para apoyar la candidatura”. Se trataba de una idea de la ‘Feria de los Pueblos de Málaga’, pues la Diputación de Málaga consideraba que el asunto era una aspiración "no sólo de la ciudad, sino de la provincia". A mis preguntas acerca de qué era eso de la Capitalidad Cultural, de en qué consistía, que si me podía dar más detalles, naturalmente no supo contestar. Ni salir de su sorpresa ante mi negativa a participar en tan imprecisa empresa o dejarme hacer la foto de marras, declinación que tengo el honor de compartir con un corto número de “intelectuales y artistas” locales.  

INTENTARÉ aclarar en qué se basan, por un lado, el interés de los poderes políticos y económicos de las ciudades en este, a primera vista, concurso de logotipos, y por otro, mis evidentes reticencias al respecto.

AQUELLA ocurrencia, dicen, de Melina Mercouri y de Jack Lang -representantes respectivamente de dos modos muy definidos de entender el hecho cultural- de proclamar a Atenas “ciudad europea de la cultura” en 1985, hizo que el músico Mikis Theodorakis se capitales_culturalesrasgara el peplum ante lo que denunció como una reedición del rapto de Europa, sólo que ahora ejecutado por banqueros sin escrúpulos. La cosa sucedía en medio de un duro  proceso de “renovación” de los ciclos de acumulación de capital. Aquí se llamó “reconversión”. Ese mismo año (recordaréis las fotos) tenía lugar la lucha de Euskalduna. Fue desesperadamente violenta, y en todo momento protagonizada por los propios trabajadores, de espaldas ya definitivamente a sus supuestos “representantes” políticos y sindicales. La alegoría es sobrecogedoramente aleccionadora: una vez trituradas todas aquellas vidas ya inútiles, en el solar de su aniquilación se erige victorioso el museo Guggenheim-Bilbao. Y el Puppy de Jeff Koons. Más claro, el agua. Hoy, hasta el más cazurro concejal se llena la boca con la palabra “cultura” -cuando no la tienen llena de cultura gastronómica, aunque los hay virtuosos capaces de ambas cosas a la vez, doy fe- por más que piensen que se trata de “poner en valor” hasta a su santa madre y cobrar copyrights. 

LA ansiedad de las ciudades por ser sede de Grandes Proyectos Urbanos responde a los imperativos de la permanente competición a la que el capitalismo postindustrial las condena: renovar continuamente la oferta para atraer inversiones y visitantes en el mercado turístico global. Y en la estrategia de transformación de la ciudad en mercancía apetecible, la cultura juega un papel más que central, ha de teñir con su halo prestigioso toda la operación.

EL “impacto cultural y socio-económico” de la industrias culturales (es decir, el número de público, de audiencia, de clientes que es capaz de producir) ha acelerado su mercantilización; pensemos en tantos directores de eventos e instituciones culturales, entre ellos su emblema, el museo, que se encuentran en las antípodas de la figura del intelectual. No digamos del intelectual independiente o crítico -y, parte de ese proceso, la “capitalidad cultural europea” se ha convertido en un anhelado trofeo, una especie de versión de segunda división de los grandes eventos tradicionales como las Exposiciones Universales o los Juegos Olímpicos- todos, cómo no, con su prótesis “cultural” paralela, que sin llegar a la categoría de las Bienales de Arte Contemporáneo se sitúa por encima directamente de las “Noches en Blanco”, destinadas más al público local. La progresiva industrialización de la producción de todos estos eventos “culturales”  los somete a la sola lógica del mercado, del beneficio económico.

guernica2016LLEGADOS a este punto, y puesto que se trata de una concepción de la cultura basada en sus posibilidades de explotación política y económica, en la que el sector público se mueve sólo con vistas a recuperar la inversión, metido a empresario especulador, los presupuestos que se le dedican no deberían salir de los departamentos públicos de Cultura sino de los de Turismo y de Comercio. Y que participara de los gastos la patronal de Hostelería, principal beneficiaria junto con las grandes empresas constructoras, a las que va a parar la parte del león: las inversiones en infraestructura y equipamientos.

SIN embargo, todavía hay agentes culturales locales que se imaginan estos macroeventos como una especie de premio gordo del que puedes/tienes derecho a pillar cacho, y ven ahí la posibilidad de que “algo caiga”, un encarguito, un bolo… por más que deberían ya saber que el acontecimiento lo que pide son sólo primeras marcas y que en toda esta historia la cultura y los creadores son el último mono. Pero ésa es la promesa neoliberal: si los grandes negocios son muy grandes, cuanto más ganen, más posibilidades hay de que caiga alguna migaja de la mesa.

Y parece mentira que, en medio de la crisis de un sistema estructuralmente insostenible, haya aún quien espere a que escampe sin más para seguir como antes, igual que estábamos, o quienes se proponen alargar la vida de modo artificial al moribundo para seguir saqueando mientras dure - me pregunto dónde está la “sostenibilidad” de una industria basada en la construcción de infraestructuras y en el transporte masivo.

EN fin, mi desacuerdo con el formato “capital cultural” se fundamenta en el rechazo de la reducción de la experiencia artística a mero espectáculo, su fagocitación por la lógica empresarial, su supeditación al citymarketing, su dependencia de las estrategias geoturísticas y la concentración y el despilfarro de recursos públicos en grandes eventos cíclicos -y aún menos si son “únicos e irrepetibles”- en detrimento de proyectos de más bajo perfil y puente_malagamás largo recorrido; próximos y horizontales, más participativos y menos enfocados a producir “público”, a hacer de los vecinos “turistas de sí mismos”, en lugar de buscar la activación de un tejido de sujetos agentes de su propia cultura, una ciudadanía activa y crítica… que eso ¿a quién le interesa? No, desde luego, a estos ilusionistas, sacamuelas, explotadores de ingenuas ilusiones protagónicas, vendedores de humo, de un paraíso siempre por venir y en el nombre del cual sacrificarse, engordando una gallina que degüellan los de siempre, los Manolo Morán y los alcaldes y la promesa de otro Mister Marshall; estos señores que no ven otra cosa que millones de euros contantes y sonantes y posibilidades de atizar el orgullo agraviado y alimentar espejismos de pertenencia y orgullo para pescar los votos cabreados del desengaño y de la frustración.

PARA los que creemos que la ciudad no es un producto que despiezar y empaquetar para su venta y consumo, sino un espacio que hay que construir y habitar entre todos, la “ciudad cultural”, o mejor, la cultura de la ciudad, la polis -democrática por definición- no se construye en el escaparate, a base de desembarcos millonarios, sino con un trabajo continuado, de menos rimbombancia y relumbrón, a otro nivel y sin tan cortos plazos por hacerse la foto, no a fuerza de fugaces figurones con los que retratarse comiendo boquerones. Que les aproveche, pero no es eso.

PUEDE ver aquí las anteriores colaboraciones de Rogelio López Cuenca:
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¡Grande hazaña! Con muertos
- 12/01/10 
Relecturas 1: Día de Reyes
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- 08/10/09 ¿Tocando fondo? Venecia, al final de la cloaca
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- 08/07/09 Postales Premonitorias/1: Málaga a la vanguardia del cambio climático
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- Número 47 de El Observador (página 46): Arte contemporáneo y prácticas locales